En
el ex aeropuerto “Reales Tamarindo” en Portoviejo, Manabí. Unos 40 niños
olvidan, entre lápices y colores, que perdieron sus casa y ahora viven en un
lugar en el que el asfalto sube mucho la temperatura mas que todo por la tarde.
Este campamento recibía unos 1 005
damnificados que dejaron sus casas por
el terremoto del 16 de abril. De ellos 277 son niños de entre 0 a 12 años.
Pocos días después del sismo de 7,8
la Unicef calculó más de 150 000 niños, niñas y adolecentes perdieron o vieron
heridos a familiares o personas cercanas a ellos, e incluso muchos vieron morir
a personas frente a sus ojos, y que dejaron sus casa y padecieron de los
servicios básicos.
Algunos de estos obstáculos ya ha
sido superados, pero el soporte emocional sigue en pie.
Gabriela Molina directora del MIES
en Portoviejo explica que tienen programas para niños y adolecentes como
fútbol, baloncesto, bailo terapia, y ya van a comenzar las clases para canto y
declamación.
En las algunas zonas afectadas
World Vision, creo espacios amigables para dar apoyo psico-social, para reducir
el impacto emocional de los infantiles tras el terremoto.
Las Fuerzas Armadas están a cargo del resguardo y administración del
albergue. Pero los uniformados también se dan tiempo para compartir con los más
pequeños. El subteniente
José Andrade, del equipo de Misiones de Paz de Ecuador, ha creado un vínculo
cercano con algunos de ellos. Mientras recorre los bloques de carpas,
algunos chicos se le acercan para pedir ayuda con las tareas o, simplemente,
para que los cargue.
Para dar soporte en este cantón manabita, Fundación Telefónica Movistar abrió
dos centros Proniño en los barrios Brisas del Pacífico y Las Palmitas. En estos
espacios reciben talleres formativos, apoyo psicológico, actividades lúdicas,
alimentación, educación digital y artística. Los Centros Proniño tienen
capacidad para recibir a unos 100 pequeños por día. En todo Manabí, la meta de
esta fundación es levantar siete de estos sitios de atención infantil.
http://www.elcomercio.com/tendencias/juegos-arte-ninos-manabi-terremoto.html
Comentario:
Yo estuve el día del terremoto en la zona cero de Portoviejo, en
la tercera planta de la casa de mi abuelita y como experiencia personal no es
nada bonita, ese día después que paso el sismo de 7,8 salimos y tengo tanto el
recuerdo escuchar cómo se caían las cosa y el sentimiento de que en cualquier
momento me moría, como se fue la luz enseguida yo no pude ver nada de cómo se caían
las cosas pero si tengo el recuerdo de ver a mi primo subir y con la luz del teléfono
alumbrarnos y yo fui la primera que baje y cuando abro la puerta de entrada
tengo el recuerdo tan claro de ver así como la neblina cuando esta hasta
arriba, pero en vez de neblina era polvo, porque algunos edificios se habían caído,
y ver a la gente desesperada gritando, corriendo y llorando, aunque no todos
pero si la mayoría más que todo en shock por lo que había pasado, no se podía realizar
llamadas telefónicas y había gente ignorante que en vez de ayudar venia a
saquear las casa tanto paradas como caídas, por eso decían que cierren las
casas y ventanas todo. Después nos salió algunas llamadas y pudieron decirle a
mis papás que estábamos bien, después llegaron mis papas y mis hermanos en el
carro, y nos llevaron a todos a la casa de nosotros, también llevamos a una
señora con su hija en el carro, porque ellas estaban muy asustadas más que todo
la chica que tenía alrededor de unos 18 a 20 años.
En total entramos en el carro 10 personas, que la verdad no sé
como entramos pero lo pudimos meternos todos. Como mi papa estaba de comandante
en ese momento del fuerte militar, el estuvo casi toda la noche afuera llego a
la casa como a las cinco de la mañana y se fue como a las siete de la mañana,
porque el deber lo llamaba, y así fue los días siguientes. Muchos pueden decir
que estaban todos unidos pero el salió y tuvo que hacer el sacrificio de
dejarnos solos, para poder ayudar a las demás personas. Al siguiente día las
cosas seguían estando feas, ya se podía ver la magnitud con la que fue el
terremoto, las personas se tenía que ir a albergues, y a dentro del fuerte
militar tampoco era bonito, eso parecía como si estuviéramos en guerra.
Yo no soy de las personas que se desesperan en cosas como esta y ese día
lo pude confirmar simplemente me quedo tranquila, nunca llore, ni grite, ni
nada solo veía. Aun así era igual de horrible saber que había gente muerta, que
las personas se quedaban si casas, ni nada. Lo reconfortante era saber que todo
un país estaba unido por una misma causa que era ayudar, sin las necesidad u obligación
d hacerlo muchos lo hicieron, nunca antes me había sentido más orgullosa de ser
ecuatoriana hasta ese entonces, ya que me lleno de emoción saber que mi país es
tan solidario, espero que toda esa gente que aun están en albergues les llegue
la ayuda que todos estamos aportando, y agradezco
a Dios por último, porque toda mi familia esta bien.